sábado, 21 de enero de 2012

Capítulo 5

Rápidamente terminé de lavar los platos y recoger la mesa, cosa que no solía hacer muy a menudo. Me dispuse a hacer la mochila para ir a casa de Britt. Puse Queen en voz baja para que mi padre no me riñera por poner música alta en su intocable siesta.
Abrí el armario y me dispuse a coger todo lo que necesitaba: un pijama de tirantes azul con nubes dibujadas y un pantalón corto a juego, unos pantalones vaqueros cortos, una camiseta rosa básica y ropa interior. Tenía que meter también lo que me iba a poner para la fiesta. Al final, me decidí por un vestido blanco ajustado en la cintura de tirantes. Cuando metí el vestido y unas bailarinas en la mochila, me dio la sensación de que alguien me vigilaba desde la ventana. Me giré, pero no vi a nadie. En realidad, no estaba segura si lo que había sentido era algo o alguien, pero no estaba dispuesta a adivinarlo.
Cogí los pantalones vaqueros, la camiseta rosa, y unas converse y me metí en la ducha. El agua fría me ayudo a relajarme. Unas horas antes la idea de la fiesta me había parecido bien, pero ahora tenía un miedo atroz de asistir.
Me vestí y miré el móvil. Tenía un mensaje.
Mandy 23-7 16:32
Cariño, ¿te importaría dejarme unos pantalones cortos que no te vayas a poner? Muchas gracias eh, te quiero.
Aquello sí que era raro, Mandy nunca me pedía ropa. Sencillamente, porque mi ropa no es de su estilo.
Abrí el armario y cogí unos oscuros un poco rotos en el bolsillo derecho. Perfectos. Los metí en la mochila, me sequé el pelo y me fui pitando.
La casa de Britt estaba entre la de Mandy y la mía. Se situaba en el centro del pueblo, casi al lado de nuestra cafetería favorita; Dreamer.
Toqué al timbre y oí un silbido detrás mía, Mandy.
-¡Hola!
-¡Mandy! Te he cogido los pantalones rotos.
-¡Perfecto! Muchas gracias de verdad, cuando abrí mi armario advertí que todos mis pantalones eran negros- dicho esto puso los ojos en blanco.
La puerta de la casa de Britt tardó en abrirse, la casa era tan grande que ir desde la habitación de Britt a la puerta de la entrada llevaba un minuto más o menos.
-Señoritas, pasen- dijo riendo y nos invitó a subir a su habitación.
La habitación de Britt estaba sacada de un cuento. Toda una pared de la habitación la formaba un gran ventanal que daba al bosque, las paredes eran de color rosa palo y la cama, de sabanas blancas, estaba cubierta con un dosel. El armario era más grande que mi propia habitación y tenía ropa para todos los gustos.
-Bien, primer paso; manicura- y dicho esto abrió un cajón de su cómoda de madera blanca en el que había más de cien colores de pintauñas.
Yo ni me pintaría las uñas, ni los labios. Me mordía las dos cosas y si los pintaba se volvían más asquerosos aún.
Cuando llegó el momento de vestirnos, nos metimos en diferentes habitaciones cada una y cuando contamos hasta tres salimos de ellas.
Britt llevaba una falda vaquera, una camiseta de hombro caído de color marrón, unas converse del mismo color y una cola de caballo en su pelo pelirrojo. Su maquillaje era impecable y sus uñas aún más.
Mandy llevaba mis pantalones vaqueros rotos y una camiseta de Metallica de tirantes que le sentaba genial. Se había planchado su pelo negro que solía estar ondulado, y se había pintado una fina línea en los ojos. Estaba genial.
En cuanto a mí, llevaba el vestido blanco que había metido en la bolsa anteriormente. Llevaba el pelo suelto sobre los hombros. Me había pintado también una linea en los ojos, y pintado los parpados de plateado sin que se notara mucho. Me sentía guapa, pero Britt me miró como si me faltara algo. Buscó en el cajón donde mete las pinzas para el pelo y sacó dos bonitas margaritas hechas de tela. Con delicadeza, cogió dos mechones de mi pelo y los echo hacia atrás con ayuda de las pinzas. Ahora estaba perfecta.
-Mucho mejor- dijo Britt guiñándome el ojo.
Nos miramos las tres en el espejo. Eramos realmente diferentes, pero nos queríamos mucho. Con un abrazo grupal, nos decidimos a dirigirnos a la fiesta que ninguna podríamos olvidar jamás.

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