En mi alrededor la gente se abrazaba y lloraba. Alguien estaba llamando a la policía. Otros se preguntaban quién habría podido hacerlo, pero nadie sabía la respuesta.
De pronto, ruidos. Pisadas. Algo se acercaba. Algo grande.. pero no había solo "uno". Giré la cabeza hacia la derecha y pude verlos. Tres grandes lobos se acercaban, en el centro, uno de ellos tenía los ojos de un color azulado. No pude diferenciar el color de su pelaje ya que, hasta aquel momento no me había percatado de que las luces se habían apagado. Estábamos inmóviles, nadie se atrevía a correr, gritar o moverse.
El lobo central levantó la cabeza, aulló y enseñó sus enormes dientes blancos. Esa era la señal. A mi alrededor, la gente, mis amigos corrían en dirección al pueblo, pero yo no lo hice.
Me imaginé que los lobos seguirían al mayor numero de personas y me adentré en el bosque. Solo podía oír gritos de horror, pero al cabo de un rato solo oía mis pisadas.
Estaba en un lugar del bosque desconocido para mí. -Tenia que haber ido hacia el pueblo- pensé- al menos estaría a salvo- pero no estaba del todo convencida. Un crujido. -Mierda, mierda, mierda, están aquí- Lo vi. Era de un tono mas claro que los otros y parecía más tranquilo. No podía ver el color de sus ojos, pero no iba a quedarme a averiguarlo. Corrí tanto como pude. Mis cabellos ondeaban a mi alrededor, me impedían ver. Sudor frío recorría mi frente. Detrás de mi se oían fuertes pisadas, era muy rápido y estaba a punto de cogerme. Sentía su fuerte respiración muy cerca de mí. De pronto paró el sonido de las pisadas y choqué con algo.
En un primer momento, me dio la impresión de que me había chocado con un árbol. Pero era blando, y me abrazaba.
-Hey, ¿donde ibas tan deprisa? -una carcajada de un hombre.
-Em..
Miré hacia arriba y vi que era un muchacho alto, fuerte, de tez pálida y grandes ojos verdes. Por supuesto, tenía una hermosa sonrisa blanca.
-¿De qué huías? -me preguntó maliciosamente.
-¿Enserio no lo has visto? ¡¡Era un lobo enorme!!
-¿Lobo?¿Aquí?- soltó una carcajada- Venga ya..
-En fin.. da igual..
-Bien,-volvió a reír, cada vez me gustaba más el sonido de su risa- pareces exhausta, ¿quieres tomar un vaso de agua o algo? Vivo aquí al lado. Después te acompañare a casa.
Asentí, me costaba hablar. Aunque me hubiera pedido que fueramos a tirarnos de un puente, hubiera ido igual, mi cuerpo no me respondía. Estaba temblando aún por el susto. Mientras caminábamos en dirección a su casa, me fui fijando un poco más en aquel desconocido. Tenía el pelo oscuro y largo, pero no en exceso. Iba todo vestido de negro. Era ancho de hombros, delgado pero musculoso. Debía de tener al menos dos años más que yo.
Pareció percatarse de que lo estaba observando, porque se giró y extendió la mano.
-Apropósito, me llamo Dylan.
-Yo Abbie.
¿Y ahora qué?¿Dos besos? Una sonrisa. Suficiente. Habría sido grosero si me hubiera tirado a su cuello para darle dos besos, pero sin duda Britt lo habría hecho.
Nos acercamos a una gran verja negra. En un primer momento me recordó a los castillos góticos donde vivían los vampiros. Vampiros...bah.