lunes, 14 de mayo de 2012

Capítulo 9

-Bienvenida a mi casa- dijo Dylan abriendo la gran verja.
Yo aún estaba con la boca abierta y conmocionada. Desde lejos no parecía tan grande como era en realidad. En la entrada había un gran patio y cuando digo "gran" me refiero a un patio que ocupa la mitad del instituto. En el fondo, un gran palacio oscuro se alzaba casi más alto aún que los pinos. Estaba dividido en cuatro torreones, uno en cada punta. Me moría de ganas por entrar, pero Dylan me paró los pies.
-Creo que mis padres estan dormidos, así que espera aquí mientras voy a por agua o algo- mientras decía todo esto se pasó la mano por el pelo. Una de las cosas que me he aprendido por mi misma es que cuando un chico se pasa la mano por el pelo, es que esta mintiendo. Con las chicas es diferente claro, no hacemos otra cosa que tocarnos el pelo. Aunque tambien es cierto que hay algunas que no saben cuando parar de mentir. Bueno a lo que íbamos, cuando entró en la casa me dispuse a buscar un lugar donde sentarme. A la derecha, debajo de un pino, había una mesa de picnik  y decidí instalarme allí. De repente recordé que llevaba el móvil en el sostén para que no se me perdiera. Me sentí muy idiota en aquel momento ya que podía haber llamado a la policía y pensé que, mejor tarde que nunca. Pero justo en aquel momento Dylan salió de casa con dos vasos de refresco y lo que parecía un plato de galletitas saladas. Me buscó con la mirada y cuando me encontró se dirigió hacia mi sonriendo.
-Bueno madame aquí le dejo su aperitivo, que lo disfrute.
Me reí
-Gracias monsieur.
Me empezó a contar que su madre y su padre se habían separado (por cuestiones que no me llegó a explicar, pero me imaginé que sería un divorcio normal y corriente) hacía 10 años. El se había quedado con su padre y sus otros dos hermanos habían ido con su madre. También me contó que desde entonces pocas veces había visto a sus hermanos y su madre y que a veces los hechaba de menos. Cuando le pregunté por que no iba a visitarles cambió de tema drásticamente.
-Creo que es hora de que te acompañe a casa, ya son las dos de la mañana.
Britt y Mandy debían de estar como locas buscandome, si es que.. No, no podía pensar que mis amigas estaban muertas. A Mandy la protegería Tom y a Britt... ¡uf!
Nos levantamos de la mesita de picnik y atravesamos la verja de la casa. Dylan me tomó la mano y me guió por el bosque colocándome detrás suya. Desde esa posición podría admirarlo perfectamente, aunque solo fuera por detrás. Ahora que no estaba tan asustada, podía ver que su pèlo era oscuro, `pero cobrizo. Por detrás el pelo le rozaba los hombros, anchos y fuertes. Tenía unas manos suaves, y las uñas mordidas y un poco rotas.
-Bueno ¿y donde vives?
-Em..
Mi casa no era nada del otro mundo, pero comparada con la de Dylan era bastante mierda. No sabía que decirle, ni tampoco quería mentirle pero entonces me acordé de algo.
-No voy a mi casa, voy a casa de una amiga. Esta noche me iba a quedar a dormir a su casa.
-¿Estaba también en la fiesta?
-¿Cómo sabes lo de la fiesta?
Se quedó unos segundos pensando.
-Normal, se os oía por todo el bosque.
En fin, no me quedaba otro remedio que creerle. Aunque no estaba del todo segura.
-Bueno ¿y me vas a decir donde vive o no?- se giró y se quedó mirándome  a los ojos sonriendo.
Estábamos en la entrada del parque "Luna Creciente"
-Esta justo allí, al lado de la cafetería Dreamer- tuve que esforzarme para no tartamudear.
Por un momento pensé que iba a besarme, y yo lo iba a dejar estar. Pero no. Me cogió de la mano y nos dirigimos a la casa de Britt.
Hasta ahora no me había fijado en lo silencioso que estaba el pueblo, pero pensé que ya era tarde y que además, todos debían de estar en el fiesta para ver que había ocurrido.
-Espero que Britt y Mandy esten en casa..- pensé.
Pasamos por el lado de la casa de Mandy, donde todas las luces estaban apagadas. Unas calles más adelante estaba la casa de Britt, en la que las luces también estaban apagadas. Toqué el timbre.
-¿Esta es?-preguntó Dylan y yo asentí- Pues creo que no hay nadie. Pero tranquila, que te puedes quedar en mi casa si quieres, tenemos muchas camas de sobra.
La idea me maravillaba, y estaba a punto de aceptarla cuando los Guns n' Roses empezaron a sonar.
-Hm.. creo que es mi móvil.
Lo cogí y descolgué sin mirar siquiera quien era.
-¿Sí?
-¡¡¿ABBIE!!? ¿eres tú? Madre mía, ¡menos mal! Estábamos super preocupadas, ¿has dado al timbre?
-Sí, sí. Estoy en la puerta ¿me abrís?
-Rápido pasa, no sabes lo que ha pasado.
Mandy estaba descompuesta, ella nunca estaba así. Entonces me acordé del cuerpo sin vida de Sophie.
-Bueno, Mandy me espera.
-Claro. Abbie ha sido un placer conocerte- me dijo sonriéndome mientras me guiñaba un ojo- hm.. espera. Apunta mi número, por si alguna vez tienes fantasías con lobos que te persiguen.
Se estaba burlando de mi, pero no a las malas. Me reí. Pero ¿es enserio? ¿me ha pedido su número? Uf! Y sin pensarlo dos veces, se lo dí y yo apunté el suyo.
Una vez que nos despedimos, entré en casa de Britt. Mandy estaba justo detrás de la puerta con cara de haber estado llorando diez horas.