sábado, 21 de enero de 2012

Capítulo 3

Pasaron unos diez minutos y Mandy seguía hablando con Tom en un banco más alejado. Mientras tanto, Nick presumía de lo bien que se le daba montar en skate. Britt lo escuchaba atentamente, aunque yo sabía que el tema le importaba más bien poco. Yo sin embargo, me había puesto a escuchar música con los auriculares. Escuchaba Metallica a todo trapo, pero ni James Hetfield podía distraerme de Nick. Pese a ser el mayor idiota conocido, había algo en el que me gustaba, que me gustaba mucho.
Un rato después, Mandy y Tom se dirigían de nuevo hasta nuestro banco. El sonreía. Tenía una bonita sonrisa que pocas veces veía. Mandy también venía sonriendo, pero para sí.
-Bueno, yo me voy ¿vienes Nick?- Tom miró a su amigo pero de reojo, posó sus ojos en Mandy.
Ya le preguntaría después que había pasado entre ellos.
-Sí espera- respondió Nick- Chicas, ¿vais a venir esta noche a la fista en la laguna?
-¡Claro! Esta noche nos vemos.- Respondió Britt por todas.
-Perfecto, nosotros nos vamos.- Nick y Tom se encaminaron hacía la salida del parque y, cuando estaban en la puerta, Nick se giró y me sonrió. Cosa que me devolvió las tripas.
-¿Esta noche? -Preguntamos Mandy y yo al unisono.
-Si.. es que me equivoqué al deciroslo. Lo siento mucho.- Britt nos sonrió disculpándose.
-Bien, no importa.
Entonces de mi boca salieron palabras que la cuerda y serena Abbie nunca se había atrevido a formular aunque hacía meses que deseaba hacerlo.
-Britt, ¿te gusta Nick verdad?
Britt me miró con seriedad, pero se serenó al instante.
-No, es solo uno más.
-No lo miras como si fuese uno más.
-¿Por que te pones así? Pensaba que no te gustaba.
-Y no me gusta, solo es que..
-Pues si no te gusta no se porque te enfadas tanto si intento algo con él.
Miré perpleja a Britt. Sabía que tenía razón y decidí callarme, no quería enfadarme con ella.
-Bueno, ¿qué os parece si quedamos un rato antes de la fiesta y nos arreglamos juntas?- dijo Mandy intentando cambiar de tema.
-Mejor que eso- le respondió Britt con una gran sonrisa en la cara. Parecía haber olvidado nuestra pequeña discusión anterior.- Os quedareis a dormir en mi casa- nuestras caras de perplejidad fueron épicas.
La casa de Britt era una de las más grandes del todo el pueblo. Tenía las paredes de un color beige. La casa estaba dividida en tres partes. En la derecha se encontraba el salón, la cocina y el comedor. En la central un largo pasillo que llevaba a un cuarto de baño doble y por último, en la izquierda, cuatro habitaciones. La casa tenía más de cuarenta ventanas y cristaleras. Y todo esto estaba rodeado por un bonito jardín con un estanque en la parte delantera.
Britt era hija única y sus adres se pasaban el día trabajando en el centro comercial que tenían abierto en la ciudad y de Brittany solo cuidaba una asiática muy simpática llamada Lulú que también limpiaba la casa y hacía de comer. Por tanto, Britt podía invitar a su casa a quien quisiese.
Cuando éramos pequeñas nos invitaba diariamente a dormir en su casa, pero últimamente solo se quedaban allí sus ligues diarios. Aunque nuestro pueblo tuviera poco más de diez mil habitantes, venían muchos turistas jóvenes de dieciséis o diecisiete, justo nuestra edad. Britt los cazaba a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario